ML - 369 - UNA REVISIÓN A PROFUNDIDAD



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Cuando el alma necesita descansar

No siempre se nota desde afuera, pero hay momentos en que el alma se siente cansada. No es un cansancio físico, ni algo que se cure con dormir una noche. Es más profundo. Es ese peso invisible que se arrastra día a día sin saber bien por qué. A veces viene de sostener demasiado por demasiado tiempo. De cuidar, de resistir, de aparentar estar bien cuando por dentro algo pide pausa. No es debilidad. Es una señal. Y como toda señal, merece ser escuchada con respeto y sin juicio.

El alma se agota cuando nos desconectamos de nosotros mismos. Cuando vamos haciendo, cumpliendo, resolviendo, pero sin espacio para sentir. Vamos tachando tareas, pero olvidamos respirar hondo. Mantenemos la sonrisa, pero no nos preguntamos cómo estamos de verdad. Ese ritmo, sostenido por mucho tiempo, empieza a pasar factura. Se siente como desánimo, como falta de ganas, como una necesidad de desaparecer por un rato. No hay nada de malo en eso. Es natural. A veces, descansar es lo más sabio que puedes hacer.

Descansar el alma no se trata solo de dormir o desconectarse del trabajo. Es hacer silencio por dentro. Es permitirte no tener respuestas. Es dejar de exigirte ser fuerte todo el tiempo. Es abrazar tu humanidad con ternura. Tal vez necesites llorar, escribir, caminar sin destino, estar solo un rato. Tal vez necesites reír sin motivo, hablar con alguien que te escuche de verdad, o simplemente no hacer nada. Descansar el alma es darte el permiso de sentir sin prisa, sin culpa, sin deber.

En una sociedad que premia el rendimiento, descansar puede sentirse como una pérdida de tiempo. Pero en realidad, es una forma de sanación. El alma no se recarga con más esfuerzo, sino con más verdad. Escucharte, cuidarte, elegirte. Reconocer que también mereces pausa, también mereces ternura. No tienes que demostrar nada. No tienes que poder con todo. Eres suficiente incluso cuando te detienes. Especialmente cuando te detienes.

Si sientes que tu alma está cansada, hazle espacio. No la ignores, no la tapes con ocupaciones. Tal vez hoy no sea el día para avanzar, sino para quedarte quieto. Para volver a ti. Porque cuando el alma descansa, poco a poco vuelve la luz. Vuelven las ganas. Vuelve la paz. Y entonces, desde ese lugar más suave y más verdadero, puedes volver a empezar. No como alguien que se exige, sino como alguien que se escucha. Y eso, querido, lo cambia todo.








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