‘And Just Like That…’ S3E3: El jardín de Carrie florece, pero los hombres no

 


El universo de Sex and the City nunca ha sido muy amable con los hombres… y francamente, ellos tampoco se han esforzado por ganarse nuestro cariño. En el tercer episodio de la nueva temporada de And Just Like That…, titulado “Carrie Golightly”, los hombres vuelven a poner a prueba la paciencia de nuestras protagonistas, con comportamientos que van de lo torpe a lo francamente traicionero.


Carrie, el amor y Williamsburg (el de verdad)

Carrie Bradshaw decide renunciar al glamour de la era tech —rechazando invitaciones de Google y SXSW— para hacer algo mucho más radical: ser una buena madrastra. Se embarca en un viaje a Williamsburg, Virginia (no Brooklyn, ojo), para visitar a Aidan y sus hijos adolescentes. Seema, siempre fiel y fabulosa, acepta acompañarla, no sin antes regalarnos una línea al más puro estilo Samantha: “Ni siquiera viajo a Williamsburg, Brooklyn.”


Hombres en extinción, pero no todos

De todo el elenco masculino, solo tres hombres logran mantener cierta dignidad:

Harry, el esposo de Charlotte, adorable en su torpeza. En un intento de volver a la escena nocturna para apoyar la carrera artística de su esposa, termina orinándose encima por culpa de unos jeans nuevos. ¿Y qué hace? Se va a casa en silencio y deja que Charlotte brille. Ídolo.

Herbert, el esposo de Lisa, sigue siendo un pilar de apoyo (aunque su trama aquí es mínima).

Y Adam, el jardinero sexy y sensible que revitaliza el patio de Carrie y deja a Seema con el labio temblando tras un encuentro cargado de química y doble sentido felino. ¿Un hombre con carisma, talento, y sentido del humor? ¡Más de eso, por favor!




La traición tiene nombre: Ryan Serhant

Mientras tanto, Seema es víctima de una jugada corporativa digna de Wall Street. Su socio Elliot anuncia su retiro y, sin consultar, vende su parte de la empresa a Ryan Serhant (sí, el de Owning Manhattan), quien se convierte en el nuevo dueño... y la borra del mapa. Ni siquiera le permite conservar su nombre en la marca. Todo en favor de su imagen pública y su logotipo azul brillante.



¿Conclusión? Ni el éxito ni el dinero salvan a las mujeres del ego masculino y el capitalismo feroz. Pero Seema no se queda de brazos cruzados: si la van a echar, al menos lo usará como impulso para fundar su propia firma inmobiliaria. Con su nombre y estilo, como debe ser.


¿Dónde están los buenos?

Este episodio nos recuerda que, en el universo de Carrie y compañía, los hombres suelen llegar tarde, hacer poco o directamente estorbar. Pero también nos muestra que nuestras protagonistas —maduras, ricas, imperfectas, divertidas— siguen tomando las riendas de sus vidas, aunque el patriarcado insista en hacerles la vida difícil.

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