CIUDADES EN COLORES: JAIPUR, LA CIUDAD ROSA DE LA INDIA
En el corazón del estado de Rajastán, donde el desierto se funde con la historia y las leyendas del Raj británico, se encuentra Jaipur, conocida en todo el mundo como “La Ciudad Rosa”. Este título no es solo una metáfora romántica: la ciudad fue literalmente pintada de tonos rosados en 1876 para dar la bienvenida al Príncipe de Gales, futuro rey Eduardo VII. Desde entonces, sus fachadas en terracota se convirtieron en símbolo de hospitalidad, color y tradición, convirtiendo a Jaipur en una joya del norte de la India, donde el pasado se mezcla con la vida cotidiana entre mercados bulliciosos y palacios centenarios.
El rosa de Jaipur no es un rosa suave ni cursi, sino un tono terroso que brilla al sol del desierto y resalta los contornos esculpidos de sus edificios. Caminar por el casco antiguo es como pasear por un enorme fresco arquitectónico: el Hawa Mahal o “Palacio de los Vientos”, con sus 953 ventanas talladas como celosías, parece un decorado sacado de un sueño oriental. El color unifica lo diverso: bazares, templos, casas y fuertes adquieren un aire de conjunto, como si la ciudad entera estuviera vestida para una celebración perpetua.
La historia de Jaipur es tan rica como su paleta cromática. Fundada en 1727 por el maharajá Sawai Jai Singh II, la ciudad fue diseñada con una planificación urbanística inusual para su época: calles en cuadrícula, sectores divididos por oficios, murallas defensivas y puertas monumentales. Esta visión moderna y ordenada no impidió que floreciera el arte, la espiritualidad y el comercio. Los textiles teñidos a mano, las joyas elaboradas con piedras semipreciosas y las miniaturas pintadas con paciencia infinita forman parte de su legado cultural, todavía vivo en los mercados del centro como Johari Bazaar o Bapu Bazaar.
Pero no todo es historia antigua. Jaipur vibra con una mezcla de tradición y modernidad. Mientras el Palacio de la Ciudad alberga una parte aún habitada por la familia real, las terrazas de los cafés hipster ofrecen chai con especias a jóvenes emprendedores. El color rosa, lejos de ser decorativo, actúa como un símbolo de identidad, una declaración de pertenencia para quienes nacen, viven o simplemente pasan por aquí. Es también un guiño a lo femenino, a la suavidad y a la resistencia: cualidades que Jaipur encarna con una elegancia natural.
Y como si lo visual no fuera suficiente, Jaipur también ofrece una gastronomía intensa y colorida: curry de lentejas, dulces a base de leche como el ghewar, o platos intensamente especiados como el laal maas, todo servido en patios frescos donde la música suena lejana y el incienso perfuma el aire. Así, comer en Jaipur también es una experiencia cromática y sensorial.
Jaipur no solo es una ciudad; es un poema teñido de rosa que resiste al paso del tiempo. Allí, cada rincón cuenta una historia, cada sombra se proyecta sobre una pared terracota, y cada visitante se lleva un pedazo del color que define su alma: ese rosa fuerte, cálido y hospitalario que ha convertido a esta ciudad en una de las más queridas del mundo.
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